Desperté. La intermitente luz roja iluminaba tenue la habitación de mi encierro y pude ver las dos sombras que habían de darme muerte.
Desperté, sudado por la excitación del sueño que me perseguía hacia días.
Decidí no salir, no comunicarme con nadie, seguramente podría aguantar mas de cuarenta días allí recluido sin contacto externo. La noche llego y una vez más desperté, esta vez incluso vi una de sus caras, se mostraba conforme, tranquila con el acto que iba a realizar, alzó su automática hacia mí y disparó a mi cara. Desperté y lloré. Tal vez merecía esta obsesión que no me permitía relajar mi mente
Tantos días sin contacto con aire fresco nublaban mi mente casi mas que la falta de sueño. Desperté de nuevo y de nuevo ahí estaban, como cada día desde hacia un mes, esta vez algo era distinto, el ambiente, las texturas de sus ropas, su mirada de miedo y desasosiego. Entendí entonces que esta vez no despertaría. Bajé la cabeza y esperé con los ojos cerrados, durante muchas noches había visto ya el final de este momento iluminado por el fogonazo de un arma


