Divagaciones desde nunca jamás

Entradas de Septiembre 2006

Pesadilla de vida

Septiembre 27, 2006 · Dejar un comentario

Desperté. La intermitente luz roja iluminaba tenue la habitación de mi encierro y pude ver las dos sombras que habían de darme muerte.
Desperté, sudado por la excitación del sueño que me perseguía hacia días.

Decidí no salir, no comunicarme con nadie, seguramente podría aguantar mas de cuarenta días allí recluido sin contacto externo. La noche llego y una vez más desperté, esta vez incluso vi una de sus caras, se mostraba conforme, tranquila con el acto que iba a realizar, alzó su automática hacia mí y disparó a mi cara. Desperté y lloré. Tal vez merecía esta obsesión que no me permitía relajar mi mente

Tantos días sin contacto con aire fresco nublaban mi mente casi mas que la falta de sueño. Desperté de nuevo y de nuevo ahí estaban, como cada día desde hacia un mes, esta vez algo era distinto, el ambiente, las texturas de sus ropas, su mirada de miedo y desasosiego. Entendí entonces que esta vez no despertaría. Bajé la cabeza y esperé con los ojos cerrados, durante muchas noches había visto ya el final de este momento iluminado por el fogonazo de un arma

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El mercado de las flores

Septiembre 25, 2006 · Dejar un comentario

Aquel era un mercado especial. Las flores brillaban en él más luminosas que en ningún otro. Incluso aquellas a las que el paso del tiempo había marchitado con calma su belleza, tenían en aquel mercado la oportunidad de ser observadas y deseadas por los miles de transeúntes que lo frecuentaban.

Pero en aquel mercado las flores no poseían olor. La especial luz de cada uno de los puestos, impedía a los viajeros percatarse de la falta de aquella cualidad que todas las flores han de tener y que un día lejano ya, hizo posible que empezáramos a amarlas

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Sueños de libertad

Septiembre 5, 2006 · Dejar un comentario

En una remota tierra en medio de un antiquísimo paraje natural, crecían en la tierra fértil cercana a las corrientes del oeste unos niños que con cada estación ganaban altura y habilidades.
Eran alimentados por los rayos de sol que entre los claros de las omnipresentes nubes les golpeaban en las cabezas, antes incluso que el pelo les cubriera las mismas, y con la humedad que los torrentes cercanos que vaciaban sus aguas en el mar empapaban las tierras.
Con la evolución y al igual que el mono comenzó a andar, aquellos niños llevaban grabado es su código genético la profunda orden de llamar la atención, sabían sin que nadie se lo hubiera enseñado que haciendo monerías frente a los viajeros que rara vez pasaban por allí, tendrían la oportunidad de prolongar sus vidas mas allá de las frías y altas mareas de febrero.

Muchos de ellos, desde el confortable calor de su gran tiesto, bajo la luz de bonitas ventanas, en bonitas haciendas coloniales donde fueron llevados por sus salvadores, añoran su país, y sueñan que murieron allí, bajo la fuerza de una helada y enorme ola.

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