-Ay de ti pobre Romeo, no podemos hacer nada, tu irías a la cárcel y yo seria el hazme reír de las exploradoras. Pero, si tus sentimientos son verdaderos espera.
-¿Que espere?
-Si, espera 5 años, tendré dieciocho y ya podremos estar juntos.
-Dentro de cinco años ni te acordaras de mí.
-Claro que si
-Yo me he formado y tu no, y tienes que vivir muchas experiencias. Cambiarás, y yo seré Winney Poo y tu Christopher Robin
-Toda referencia literaria tiene su réplica. ¿Porque eres Poo?
-Cuando Christopher Robin creció como Poo, todo acabó. Estuvo con poo mientras fue niño, y cuando maduró dejó de necesitarle.
-Que historia mas triste
-Pero es verdadera, ahora no te das cuenta pero, tu pensamiento cambiara y yo, yo puedo ser tu poo.
La música llenaba la sala con un volumen excesivo. La luz era tenue. Junto a las estanterías repletas de dvd’s se encontraban algunos expositores que contenían lubricantes milagrosos y replicas de tamaños imposibles.
Entre los vacíos que las carátulas de aquellas miles de películas dejaban en las estanterías se filtraban miradas. Miradas de deseo. Miradas cortas. Miradas eternas y provocadoras. Como un juego, retiraba las películas, las mantenía en mi mano y dejaba mi cara al descubierto para que aquellos que estaban en el pasillo contiguo al mio pudieran verme mirarles. Después de veinte minutos de metódico ritual y con cinco o seis pares de ojos retenidos en mi mente, me pierdo despacio por el oscuro pasillo del fondo. Voy dejando cabinas a la derecha e izquierda. Avanzo lento, esperando que aquellos que me siguen, puedan sentirme cercano antes de deslizar una de las puertas correderas para abrir la sala individual elegida y adentrarme en ella. Cuando me giro, un joven con rasgos asiáticos esta parado frente a la puerta, le miro con descaro, paso mi lengua por mis labios y deslizo la puerta para cerrarla. Al cerrar el pestillo metálico, el ruido que realizo es mas fuerte de lo necesario, como intentando dejar claro al muchacho que estoy encerrado allí, y que no podrá verme. La puerta se intenta abrir pero no se desliza mas de un centímetro. Noto unos ojos que me buscan a través de la estrecha rendija. Me levanto y ofrezco la visión de mi polla dura en la mano a mi improvisado espectador. En la pantalla y tras introducir una monedas, un enorme soldado dilata el culo de su recluta a base de introducir cada vez mas dedos en su esfínter. Las imágenes no son tan impactantes como los gritos y gemidos que el recluta desprende mientras pide ser sodomizado. Noto los ojos alejarse de la rendija, me dejo abrazar por el sillón de polipiel negro y retiro el pestillo a la puerta. Mis dedos aprietan el miembro hinchado, mis ojos se centran en la pasión de los soldados.
La puerta se abre. Ahora puedo sentir su mirada, puedo ver su cara de excitación mientras mira mi mano trabajar. Le dejo ahí unos segundos, la atmósfera se espesa, me recreo en la paja. Cambio el ritmo. Lento, fuerte. Castigo mi capullo pelándolo con golpes secos y duros. Miro su cara, mi pie derecho se posa en el pomo de la puerta cerrándola despacio. mantengo el pie ahí y noto como desde fuera intentan abrir. La tensión en la puerta se relaja. Mi mente no piensa en los cientos de canales e imágenes que puedo ver allí sentado, solo piensa en la posibilidad de ser observado mientras me corro. Bajo el pie y segundos después la puerta se abre de nuevo. Un chico alto, fuerte, mira mis ojos de manera fugaz, hipnotizado por el movimiento de mi mano se queda parado. Yo le miro, le ofrezco varias servilletas de papel del expendedor que sobre mi cabeza cuelga. Acelero, mis dedos aprietan estrangulando, cierro los ojos y me dejo invadir por los temblores. Unas manos envuelven mi verga en suave papel y me vierto imaginandote. Relax.
Cuando abro los ojos la puerta esta cerrada y los brazos del joven no están.
No logro entender como se puede poner una tienda solo de corbatas. ¿Tantas corbatas se venden? Como tuvieran que vivir de las que yo me pongo iban a pasar un hambre… Los cocodrilos se entretuvieron mascando la tela del paracaidas y eso me dio tiempo de nadar a la orilla y salir corriendo de allí. Me libré esta vez, pero antes o temprano voy a morir devorada por cocodrilos, es mi destino…Esta tía se metió ella solita eso en el bolsillo. Menudo negocio tiene montado a costa de los 5 días en el calabozo. Encima, ni siquiera está buena, seguro que le quitas el fotosop de encima…En cuanto llegue se lo digo, no puedo seguir mas así. ¿No se da cuenta?, ¿no se puede dar cuenta el solito? por lo menos me ahorraría el trago de tener que darle explicaciones. Quiero dejar estos viajes. Odio el tren. Quiero quedarme parada y no volver a viajar hasta…….
Voy a volverme loco, no quiero seguir escuchándoles, necesito que esto pare. Llamaré a Xavier el es el único que puede ayudarme.
Aquellos ocho ojos rojos me miraban. Cada uno a su manera. Cada uno con su natural forma de mirar.
Desde la izquierda y con una escéptica mueca la mujer de verde jugaba con su colgante mientras parecía esperar el flash para encender su cigarro. Junto a ella, la mirada cándida de la mas joven, brillaba como lo hacen las estrellas, sus brazos relajados, sus manos apoyadas sobre sus piernas, mostraban sosiego y armonía. En el extremo, a la derecha, adelantada y curiosa me mira la mujer que podría ser la mas inquieta del mundo. En sus ojos, aun estando rojos (los mas rojos) a causa del desincronizado fogonazo, se aprecian ganas de vivir muy rápido, de esperar que ocurran cosas en cada momento, de necesitar recuperar quizás un tiempo vivido en otro ritmo. A su izquierda, y a la derecha de la mas joven, se eleva la cuarta figura. Se eleva, si. Su pierna derecha, la cual no veo, aguanta el peso de su cuerpo, tensando la espalda y adelantando su hombro izquierdo, buscando sin duda el lugar central que cree merecer en toda foto y que la geométrica posición de la cámara le ha arrebatado. Delgada, altiva, seductora, orgullosa, segura. Inquietante mirada, incluso para con el cristal del sucio y viejo objetivo.
Los ojos nueve y diez nunca merecieron estar allí. Eran ojos sin brillo aun reflejando la luz del momento. Su posición atrasada, la mirada perdida, la boca entreabierta como si la lengua no tuviera sitio en ella y la copa en su mano saludando al autor de la fotografía que hoy contemplo, embriagan de esperpento y vulgaridad lo que pudo ser la imagen de un buen recuerdo. Puto borracho.
Tengo hambre. Por fin estoy en casa y hoy siento hambre, hambre de berdad.
Pediré que me traigan jamón pero no de york eso es para estómagos débiles, jaja, quiero ibérico. Del de allí. Y langostinos, ¿Me traeran langostinos? si , seguro que si.
Me siento fuerte, me siento bencedor.
Ellos seguirán peleándose cuando yo pueda comer corderos, mojando una hogaza de caliente pan en su rica salsa.
Ellos seguirán bigilando mis escritos. Quizás escriba un libro. Seguro que alguien lo compra.
Creo que boy a dejar a esta chica. Ahora el bis a bis no ha de tener nombres y apellidos.
Me siento fuerte me siento bencedor.
Su bajeza moral les conbierte en pabos reales exhibiendose para buscar su premio en forma de papelito doblado en urna de cristal.
Su bajeza moral les acerca a el lugar donde me ponen a mí.
Sus peleas, la estúpida y dibertida dibisión a la que están llevando a sus fieles, me conbierten en héroe.