Divagaciones desde nunca jamás

Entradas de Agosto 2007

Arriba

Agosto 28, 2007 · 3 comentarios

Interrumpo mis vacaciones para homenajear a un grande.

Umbral ha muerto. Arriba Umbral.

Pd. en cuanto pueda poner una imagen pondré una que haga justicia a el gran columnista.

Pd2. este maldito teclado no tiene tildes.

Categorías: actualidad

Descanso

Agosto 20, 2007 · 6 comentarios

Cierro unos días para descansar.

Espero que nos veamos a mi vuelta.

Categorías: General

Nicolás y las putas

Agosto 18, 2007 · 2 comentarios

Nacieron para comerse el mundo. Lastima que el mundo donde lo hicieron había caducado tiempo atrás.

Guadalupe, Belinda y Rosario. Así se llamaban. Temblaban como niñas en el pequeño cuarto del ayuntamiento de la ciudad de Ascensión.
En aquellos días, el edificio de la policía estaba en obras, siendo reparado de los daños que el camión de un borracho había ocasionado al estrellarse en su fachada. El camión, un destartalado Mack de los años setenta estaba cargado de vigas de acero que tenía que llevar a el sur y la inercia del choque fue tal que los técnicos municipales barajaron durante varias semanas la posibilidad de tirar el edificio abajo. Nicolás, el borracho, quiso vengarse así de la multa que las autoridades le impusieron por azotar en publico a una de las putas que en la periferia había cogido en su camión y a la que había dejado dormir en el motel donde él lo hizo, y aun así, y siempre en versión de Nicolás, esta le había mordido.

Belinda, la mas bajita de las tres muchachas estudio en el colegio con la mujer a la que Nicolás arrastró de los pelos hasta la plaza donde le propino la azotaina, pero el shock de lo ocurrido a ella y sus dos amigas le impidió recordarla cuando en el ayuntamiento escucharon la historia del tal Nicolás y las putas.
Guadalupe trabajaba en una de las muchas plantaciones que rodeaban Ascensión. Aquel día después de salir del trabajo, recorría a pie los casi cuatro kilómetros que la separaban del primer lugar donde un autobús paraba de camino a la ciudad. Encontró allí a Rosario. Rosario era la mayor. Guadalupe y ella se conocían desde chiquillas ya que en su barrio los niños jugaban juntos en las calles aun teniendo enormes diferencias de edad. Todos crecían rápido allí. La escuela no era precisamente el lugar donde más se aprendía y en aquella parte de la ciudad, normalmente, los niños dejaban de asistir a las clases en cuanto cumplían nueve o diez años.

Rosario trabajaba toda la noche en una panificadora, pero los apagones de luz, ocasionados por el camión de Nicolás ( la comisaria hacía las veces también de estación eléctrica), dejaron sin servicio el sur de la ciudad. Ese día salió cuando empezaba a oscurecer y se sentó en la parada a esperar el autobús.
-Entonces llegó Guadalupe-, me dijo Rosario con la voz temblorosa. La habitación del ayuntamiento que habilitaron para que pudiera hablar con las muchachas haría temblar a cualquiera. Se suponía que mi cometido allí era informarlas del peligro que corrían, pero a la vez tranquilizarlas y, sobre todo, convencerlas de que no hicieran ninguna estupidez como huir de la ciudad o alejarse de la policía hasta que aquello estuviera zanjado. Desde luego, si a mí me hubieran metido en un cuartucho como ese a contarme la historia que les relaté nadie podría haberme tranquilizado.

Cuando las dos, ante la tardanza del autobús decidieron caminar hasta la ciudad, no podían imaginar que encontrarían a Belinda junto a la acequia de las plantaciones más cercanas a la ciudad y mucho menos que en ella serían testigos de la muerte de Pereira.
El albino sujetaba por el cuello a un hombre cuya cabeza estaba sumergida en el agua. Cuando dejo de patalear, aquel hombre de las cejas blancas (como ya lo había descrito el hijo de Alejandro) lo levantó como si no pesara, según describieron las chicas, lo posó en el suelo, ya que no lo dejó caer, sino que lentamente lo tumbó sobre el lecho de barro que rodeaba la acequia y comenzó el ritual. Ritual cuyo final había hecho vomitar a Bob cuando reveló las fotografías y rememoro lo que vio en Ascensión.

Las muchachas huyeron pero el Albino debió presentir que alguien le veía. Esta vez en la pared de la acequia pintado con sangre ademas de una especie de puerta o portón se leía:” I see my red door and it has been painted black.

Naturalmente no conté esto a las chicas. Belinda trabajaba en un lugar donde servían tacos y enchiladas además del mejor mezcal de la zona. El sitio se llamaba Paint it black

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Categorías: relatos

beautiful day

Agosto 17, 2007 · 4 comentarios

Hoy es un día importante para muchos de los habituales lectores de este espacio en el que hoy escribo y en su antecesor Antesdelcafe.

Es el cumpleaños de una persona a la que conocimos hace algo mas de un año y de la que nos sentimos orgullosos de tener como amiga. Por su generosidad, por su naturalidad y por los increíbles escritos con los que de vez en cuando nos sorprende.

Felicidades.

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Categorías: Blog · Personales · música · personal

“El Niño”

Agosto 16, 2007 · 1 comentario

A pesar de la tormenta Bob llegó a San José de Gracia cuando amanecía. Fue una larga noche de carretera en la que pudo pensar en todo lo que le había pasado en los últimos meses. Salió de Alamito y al llegar a López ya había repasado su relación con Martha. Como se conocieron, las primeras citas, los interminables atardeceres en la casa cerca de San Diego. A las dos de la mañana ya había llegado a las peleas, los gritos, los engaños. En López giro hacia el norte y de ahí hasta el amanecer no pensó en nada. O si, pensó en las cámaras y todo el equipo que llevaba en el maletero y si habría traído suficiente película para todos los muertos. El invierno estaba siendo duro, comentaban en la radio dos locutores y Bob pensó en Boston y en el frío que aquellos dos tíos pasarían de estar allí un invierno. Se dispuso a acabar su trabajo cuanto antes, no le gustaba trabajar pasado el mediodía. Los dos agentes que guardaban la puerta de la pequeña vivienda saludaron a bob cuando este les mostró su acreditación. Casi a oscuras recorrió los tres metros que el pasillo de entrada tenía hasta lo que parecía ser un salón y allí sus pies parecieron quedarse clavados al suelo. La pared orientada al sur estaba llena de pequeños orificios que los impactos de bala habían marcado sobre el yeso sucio y viejo . Debía haber mas de mil. Sobre el sillón, un antiguo tres piezas de color marrón, se encontraba el cuerpo de Onofre. Onofre tenía unos 29 años y cuando yo lo vi el la morgue no pude hacerme una idea de su estatura total, ni de la complexión que un día tuvo. Si no hubiera sido por las fotos que “el negro”, así llamábamos a Bob, había sacado en aquella infravivienda no podría imaginarme casi ningún rasgo físico del muerto. Sobre el televisor en la pared norte se podía leer escrito con sangre, “Pereiro quedas tú, voy a por ti”. En el suelo, a los pies de la macabra pintada se encontraba la mano derecha de Onofre, la cual sirvió de pincel.
No sé lo que Bob pensaría mientras tomaba las mas de trescientas fotografías que en aquel salón oscuro hizo. Seguramente siguió pensando en Martha y en su novio, “El Niño”, aquel que tuvo después de que lo suyo acabara definitivamente. Seguramente también en el día que tuvo que acudir a la calle de la fuente a fotografiar el cuerpo acuchillado de la que fue su compañera y seguramente de como sus colegas en San Diego le habían impedido matar a “El Niño” cuando lo detuvieron días mas tarde.

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Categorías: música · relatos

Amistad

Agosto 15, 2007 · 2 comentarios

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Anoche salí a una de esas miles de fiestas que en estos días se celebran en este país (de ahí la tardanza del post de hoy). Pude reencontrarme en ellas con amigos de esos a los que por uno o por miles de motivos algún día perdí la pista o simplemente el contacto se hizo distante.

Un sentimiento me hizo sentir que con algunos de ellos puede pasar lo que pase, siempre seremos amigos. Y hoy, otro de mis pocos muy especiales amigos me recordó esta canción que enlazo como homenaje a la amistad que nos une y a ese sentimiento. La confianza

Categorías: música · personal

Sal

Agosto 14, 2007 · 3 comentarios

Las luces de la recepción estaban casi apagadas y la chica que atendía tras el mostrador pudo sentir como una especie de corriente eléctrica recorría su espalda mientras los tubos fluorescentes del techo parpadeaban, emitiendo un ruido semejante al de las chicharras. Al darse la vuelta, el hombre estaba junto a ella. Silencioso, sus pasos no se sentían, era como si flotara, me dijo Guadalupe. Guadalupe llevaba mas de siete años trabajando en aquel motel. Nació en el oeste, en uno de esos pequeños sitios junto al mar donde cualquiera pagaría por vivir, pero una extraña afección había llenado su piel de manchas durante su infancia y pubertad. Una afección que resulto ser una rara alergia a la humedad y a los ambientes salinos y que le hacía aparentar muchos mas años de los que en realidad tenía. Así, recién cumplidos los quince años cogió una pequeña mochila y acabó en el lugar mas seco del país.

Mientras la muchacha relataba, los temblores de su cuerpo se acrecentaban hasta que llegaron a un momento máximo justo antes de pronunciar estas palabras:

- Era como si el putísimo mismo diablo se hubiera teñido las cejas de blanco-

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Categorías: General · relatos

Cannes

Agosto 13, 2007 · 1 comentario

El viejo megáfono emitía su ronco sonido. Sobre la mesa, junto a las hamacas de rayas cuyo color había sido comido por tantos años de sol en aquella luminosa costa, se enfriaba una botella de champagna.

Apareció. El golpeteo de sus pequeños pasos sobre la madera me bajó de la nube en la que la melodía me mecía para subirme a otra de la que me costaría bajar un siglo. Llevaba un precioso vestido blanco. La luz del atardecer iluminaba su rostro dotándolo de una mágica textura. Ella avanzó tímidamente. Su cuello parecía no querer dejar que la cabeza mirase al frente y aún cuando la levanto despacio, su mirada siguió en el suelo durante unos instantes. El dedo indice de su mano derecha jugaba con el pelo sobre su oreja y al fin me miró.

Mi cara debía ser un autentico cuadro y ella me preguntó.-¿Estás bien?-

-Estás preciosa. ¿Bailamos?-.

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Categorías: música · personal · relatos

Terremoto

Agosto 12, 2007 · 4 comentarios

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Hacía menos de dos horas que me había acostado esta mañana, cuando sentí como la cama golpeaba contra la pared, el ventilador del techo dejaba de describir perfectos giros sobre su eje para iniciar un alabeo del que tardó mas de dos minutos en salir. Después del segundo que duró el temblor, me di la vuelta y pensé, no debí beber tanto. En pocos minutos sonó mi teléfono y una voz al otro lado me confirmaba que aquello había sido un terremoto, pequeño, pero al fin y al cabo mi primer terremoto.

Categorías: actualidad

Vuelta

Agosto 11, 2007 · 1 comentario

El ruido de los neumáticos en el asfalto amenazaba con convertirse en una peligrosa canción de cuna. El sol en el retrovisor se acostaba en el pacífico mientras iluminaba de rojos y ocres el paisaje de mi vuelta. Paré en una estación de servicio, seguramente la última a la que poder llamar así en los próximos mil kilómetros. El desierto unido a el poco tránsito de aquella ruta paralela al ecuador hacían poco rentables los supermercados de carretera.

Abrí la puerta del coche y el calor que desprendía el asfalto casi me hace vomitar. Entonces recordé a todos esos desgraciados a los que había visto en mi viaje y como, el aspecto que tenían sus destrozados cuerpos y el olor de la morgue donde se encontraban, habían acabado con mi apetito hacía ya más de setenta horas. Entré en la gasolinera mientras un tipo enorme con los pelos más rizados que nunca había visto se encargaba de repostar mi cougar. Pensé en Alejandro, que así se llamaba el primero de los muertos que vi en el oeste. Alejandro Campos De Hoz. Tenía treinta y siete años y le habían partido la cabeza con un bate de beisbol. Llamaron a su casa, su hijo pequeño, de once años, abrió la puerta a un señor rubio con las cejas blancas, como el propio crío describió días más tarde escribiendo sobre un trozo de papel. -¿Esta tu papa?- dijo el señor. El muchacho fue a buscarlo, cuando regresó a la puerta detrás de su padre su cara se llenó de sangre. Un batazo en la cabeza de izquierda a derecha hizo que Alejandro perdiera el conocimiento y cayera de rodillas en la misma puerta de su casa. El segundo batazo le impulsó hacia atrás, (salpicando de sangre la ropa y cara del niño) dejándolo inmóvil y tumbado en el suelo en la extraña postura en la que los agentes le habían fotografiado mientras esperaban al juez. Hacía más de dos semanas de este suceso y el pequeño no había vuelto a hablar.

Mientras abría las puertas de cristal de una de las maquinas refrigeradoras llenas de refrescos, vi en el reflejo como el hombre del pelo rizado se afanaba en limpiar el parabrisas de mi coche e imaginé como entre los rizos se acumularía el polvo de todos los coches a los que, durante todos los años que allí había trabajado, había limpiado los vidrios. Cogí seis latas de red bull sin azúcar, pagué la gasolina y me acerqué, con la mano extendida y un billete entre los dedos, a el tío, que, con las manos llenas del barro rojo formado por el polvo de aquel desierto y el agua de su cubo, lo agarró. Después de darme las gracias dijo: -La noche esta al caer y no escapará de sus fantasmas montado en su auto. Por cierto, si deja el revolver a la vista sobre el asiento cada vez que pare a repostar o mear, es posible que no llegue a beberse ni la mitad de esas latas que ha comprado-.

Arranqué el motor del cougar, subí el volumen de la música y me perdí despacio en aquel estado, cantando a gritos el desesperado canto de necesidad que en la radio sonaba.

La foto aquí

Categorías: relatos