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Hace tiempo hablando con Osiris mientras veiamos un lanzamiento del proyecto STS (creo que era la misión 101 o algo así) comentaba que las probabilidades de que algo pudiera pasar y que la misión fracasara, esto en un trasbordador espacial todos sabemos lo que significa, era aproximadamente de un 1,2% (¿a que eramos frikys Osiris y yo?)
El 28 de enero de 1986 mientras se llevaba a cabo la misión STS 51L que hacía la número 25 del total del programa de trasbordadores, el Challenger explotó por los aires a los 76 segundos del despegue. Murieron siete tripulantes. El 1 de febrero del 2003 mientras efectuaba la entrada de la denominada STS107 que en realidad era la 111 misión de todos los trasbordadores , el Columbia, un aparato que realizó su primera misión en abril de 1981 (tenía 22 años), se desintegró por un fallo en la protección térmica que necesita para atravesar la atmósfera en su reentrada a la misma. Perecieron lógicamente los siete tripulantes. Hasta el día que el Columbia desapareció, 111 misiones, 2 accidentes. Estos números difieren un poco de las estadísticas de las que hablabamos mi amigo y yo, pero ayudan a entender que aproximadamente cada 100 misiones un aparato explotará. El trabajo de ingenieros y responsables de seguridad estará seguramente centrado en bajar ese número para mejorar la seguridad de los proyectos.
Por supuesto la probabilidad de accidente en un vuelo comercial es muy inferior a las cifras que se manejan en las misiones espaciales, pero existe. En el último año he subido a unos sesenta aviones y siempre pienso, joder espero que no sea este al que le toca. En al menos tres ocasiones he enviado un sms diciendo, este cacharro esta roto igual nos estrellamos. Al menos en ocho o nueve han tenido que revisar algun problema del avión estando ya el pasaje sentado en él y al menos diez o doce ocasiones he tenido la sensación de que el piloto no quería despegar. Recuerdo especialmente una hora y media de retraso en Tegel, Berlín, mientras Argentina y Alemania jugaban un partido de futbol del mundial. El piloto no quiso salir alegando problemas técnicos que quedaron solucionados en cuanto los alemanes metieron el gol que les clasificó.
Nunca dejarán de sorprenderme las ganas de noticia que tienen los medios informativos de este país. Llevados por la maxima de obtener audiencia, son capaces de llenar minutos y horas de televisión sin decir nada y lo peor, rozando la irresponsabilidad. Durante las primeras horas del accidente de Barajas, las televisiones mantenían a sus reporteros en antena con una columna de humo detras y especulando sobre el numero de muertos, causas o si alguno de los supervivientes les daría la clave del suceso. A partir de ahí, tenemos incluso debates con contertulios de esos que igual acusan a la Obregon por sus relaciones, que hablan de política internacional u opinan de la capacidad de sustentación de un MD (todo el mundo sabe ya lo que es un MD) con un solo motor. Algunos editoriales de prensa han cambiado el contenido de sus portadas pero la palabra clave en la edicción digital solo 4 horas después del accidente era la misma de siempre: INCÓGNITAS. Que sería de Pedro J. sin la palabra incógnita
Lo ético en estos casos es informar y solo informar si es que existen noticias contrastadas y relevantes. Dejar que las comisiones trabajen, que se determinen las causas, se depuren responsabilidades y se haga pagar a los responsables por ello. Todo esto necesita unos periodos de tiempo, posiblemente largos periodos de tiempo, tiempo que las televisiones no tienen. Desafortunadamente la ética está reñida con las audiencias y los intereses crematísticos que nos mueven en estos tiempos.
Aún así, cada vez que nos montamos en un avión, como cada vez que nos montamos en un vehículo o un trén o caminamos por una calle, tenemos que tener presente que hay probabilidades de que nos ocurra algo. A veces incluso probabilidades tan bajas como de que nos toque la primitiva y en estas siempre confiamos.
Yo por si acaso no volveré a enviar un sms, no me gustaría ver a mis familares indignados en los informativos por una gilipollez mía.