Existió una vez una generación que a punto estuvo de ganarles la partida a los chicos del fútbol. Meriendas con chocolate y pan, para ver baloncesto en blanco y negro, al menos en mi casa. Era un tiempo en el cual los magnates de los derechos de televisión no habían aún encumbrado a niñatos millonarios.
El tiempo de los héroes.