
Este fin de semana las calles de Madrid volverán a ser escenario de protestas. Yo creo que desde el mayo francés ninguna capital había albergado tanta actividad social como el Madrid de estos tiempos.
En esta ocasión grupos Pro-vida han decidido, por iniciativa propia y “desmarcándose” de corrientes políticas o ideológicas (según sus representantes), salir a la calle para protestar por lo que consideran un mal de nuestra sociedad. El aborto.
Ayer escuché a un señor, que viajará a la capital con su familia a esta marcha, decir, que este es el momento de protestar ya que los gobiernos de izquierdas son mas abiertos a escuchar a la ciudadanía y que si no lo hicieron en tiempos de Aznar es por que estaban seguros de que sus movilizaciones caerían en saco roto. ¿Ustedes lo creen?. Yo tampoco.
Desde hace casi dos décadas, en nuestro país, a través de sus representantes, se dictaron leyes que regulaban una necesidad social de ciertas personas. La posibilidad de abortar sin ser criminalizados en caso de cumplirse ciertos supuestos. Parece que estupideces entonces discutidas como por ejemplo, que si las mujeres no fueran discriminadas en sus trabajos por tener hijos, que si tuvieran igualdad de condiciones o que si se las ayudara a mantener a las criaturas nacidas no decidirían abortar, habían quedado atrás con la aprobación de aquellas leyes. Hoy se vuelve a la carga con las mismas estupideces. Quiero aclarar que cualquiera de los tres ejemplos que he puesto deberían ser ya derechos fundamentales de la mujer y que lo que considero estúpido es mezclarlo en un debate como el del aborto como pretexto para tapar el trasfondo del asunto.
El derecho al Aborto tiene que ver con la libertad de elección de la mujer. Si una mujer decide no seguir adelante con su embarazo y lo decide dentro de los supuestos legales, nadie debería decir nada al respecto. Si alguien se manifiesta en contra de esa libertad, se está manifestando contra los tres pilares de la revolución francesa y por ello contra las normas básicas que rigen la ética social de la mayoría de los que llamamos países civilizados. Libertad, igualdad, fraternidad. Si me manifiesto contra el aborto, me manifiesto contra cada uno de estos tres principios.
Lo hacen ahora, ya que el gobierno les escuchará.
Mi opinión es que lo hacen ahora que el vaticano les envía sus consignas en cada homilía dominical. Mi opinión es que lo hacen ahora, que muchos políticos se oponen a los cambios en la legislación que regulará, los casos en los que las mujeres tendrán la libertad de hacer uso de esta posibilidad. Cambios que impedirían, por ejemplo, que mujeres que desgraciadamente tienen complicaciones médicas en las semanas críticas de su embarazo tengan que permanecer durante dos o tres semanas esperando a que su bebe muera en su interior, para que de esa manera no sea un delito sacarlo. Cambios que harán que la mujer sea libre de decidir. Cambios que en definitiva nos convertirán una sociedad mas libre.
Espero que la manifestación “Pro-vida” transcurra en un agradable ambiente lúdico festivo entre pancartas con linces, vídeos gore y sotanas con rosarios. Espero también , por la credibilidad del concepto mismo de la marcha, que a muchos de los individuos que participaron en una de las últimas marchas de Madrid, y que seguro acudirán a esta, no se les escapen las exigencias de pena de muerte que coreaban en aquella.