
Nueve de la mañana. Siete grados. Lluvia. La multitud se mueve, y mientras cruzo la línea escucho “It´s a town full of losers”. Yo estoy seguro de que hoy estoy rodeado de ganadores. El agua me baña y en diez minutos paso bajo el puente de Raimundo Fernández Villaverde, acompañado por los espíritus de la noche. Un poco más arriba giro a la derecha en una curva encharcada y aprovecho para mearme en las taquillas del campo de mi odiado Madrid. En Padre Damián y tarareando todavía “I wait for paradise, Iwait for paradise”, los primeros acordes de Fire, me llevan volando por Alberto Alcocer hasta la Castellana. Al fondo, muy al fondo y tras las inclinadas torres, cuatro gigantes nos esperan. Junto a ellos, doble giro a la derecha y rumbo sur, casi paralelos a las vías de Chamartín. Backstreets. Llueve a mares. Voy rápido, demasiado rápido. Los diez minutos de Rosalita me llevan en volandas , por encima de Príncipe de Vergara y Doctor Arce, camino de Raimundo Fernandez Villaverde. Allí el doce. Primera cuesta en siete kilómetros. La lluvia cesa y las calles se llenan de héroes que nos gritan y dan alas. Cuatro caminos, Bravo Murillo, Islas Filipinas, Guzmán el Bueno, giro al este y cruzamos San Bernando, glorieta de Bilbao. Hortaleza nos da un respiro y nos lleva hasta la Gran vía. Raise your hands, Hungry heart, dos corazones, Independence day (con esta me emocioné al doblar en Gran Vía dirección Callao. Kilometro 18. Preciados. En la puerta del Sol nos recibe el caos de Gallardón. Obras. Vallas. Arena y polvo. En Mayor, cientos de madrileños gritan rodeándonos en el desfile que nos conduce hasta el palacio y en gran parte del camino a la cuesta de Ferraz.
Al final de Ferraz, antes del parque está el cartel. “21,097″. 1 hora 43 minutos. Solo me queda lo mismo que llevo.
Ahora es cuando la cabeza empieza a dar vueltas. Supongo que la borrachera de llegar a la mitad en buen estado activa resortes hasta este momento inertes y los pensamientos comienzan a pasar por encima del volumen de la música en mis odios. ¿Eso ha sido un pinchacito en la rodilla derecha? Estamos bajando muy rápido entre los jardines de Camoens, es normal. ¿Bajo el ritmo? Como vas a bajar el ritmo, ya lo bajaras en la avenida de Valladolid. Después del puente de los Franceses hay mucha gente. Hace calor. Que larga es esta calle. Príncipe pío (que recuerdos de hace un año). ¿Cuantos príncipes hay en esta ciudad?
El 25. Entrada a la casa de campo. Agujeros en el suelo, arena suelta, adoquines, piedras. Su puta madre, esta igual que el año pasado. ¿No pueden arreglarlo? Ahí esta mi hermano. Me dice que voy bien, que es un tiempazo, que regule. Bajo los arboles comienza el infierno y solo hay 9 grados de temperatura. Los globos de las tres horas y media me pasan en el 27. Me quedo clavado cuando me pasan. Sigo a mi ritmo. El dolorcillo aumenta. Sobre todo en mi cabeza.
El muro. Así lo llaman. Si conocen la casa de campo de Madrid y alguna vez han estado en los antiguos pabellones de lo que fue el recinto ferial, pueden imaginar lo que supone subir esa rampa después de 30 kilómetros. La sensación, los tours de Indurain, las subidas de Pantani, rodeados de infinitas filas de personas por ambos lados. Esa gente lleva allí dos horas y animan como si cada uno de nosotros fuéramos el primero. Al final del puerto la bajada al río por la avenida de Portugal.
Bajamos paralelos al río hasta el Vicente Calderón, cruzamos allí el puente y viramos ciento ochenta grados para correr por lo que será una calle que, cuesta arriba, y dejándo a nuestra izquierda el Manzanares, nos lleva al puente Segovia. Dicen que por allí cogimos el Paseo Imperial. Dicen que callejeamos por empinadas rampas hasta llegar a embajadores. ¿Acacias? ¿Pasillo verde?. No lo recuerdo. No puedo recordarlo. I’m on fire, Bobby Jean, My Hometown. Born to run (a estas alturas no me lo creo ni yo). Llevo dos kilómetros andando. Pienso en pararme. No Surrender. Aprieto los dientes, canto entre lágrimas de dolor, emoción. No puedo correr de nuevo. Lo intento pero mis piernas no me dejan. Los gemelos me van a estallar. El reflex no me deja recordar la rodilla pero caminar me ha agarrotado el resto de los músculos de las piernas.
Ronda de Valencia, Glorieta de un emperador. Atocha. Hacia el Sur. En algun momento Springsteen cantó en mis oídos Jersey girl y comenzó de nuevo con Thunder Road, pero tampoco recuerdo donde ni cuanto hace. Solo mirar la cuesta de Alfonso XII da mucho vértigo. La valla del retiro me hace olvidar que todavía quedan mas de 2 km. En el 41 intento correr. Los pinchazos en las uñas de los pies son como alfileres que se clavan en ellas. Corro. Corro. Corro como si intentara robarle tiempo a esa hora que he tardado en hacer los últimos 6.
Paso bajo el reloj y los brazos se tensan. Grito: Se acabó. Se acabó.
Cuatro horas cinco minutos cincuenta y siete segundos.
Frío.
Recuerdo el frío intenso que se apoderó de mí.
5 respuestas hasta el momento ↓
FG // Mayo 8, 2009 a 2:24 pm |
Aaay, que tiempos aquellos en los que yo corría y corría para llegar a… no recuerdo donde iba, solo recuerdo que corría.
R. Hurtado // Mayo 10, 2009 a 2:43 pm |
Joder lo he vivido! Felicidades por tu narración y por tu carrera, nadie dijo que fuera a ser fácil, no? Seguro que si lo hubiera sido te hubieras aburrido mucho…
luz // Mayo 10, 2009 a 10:13 pm |
Qué fuerte!!!!! un verdadero esfuerzo. Me gusta HUngry hurt.
Luz
cheerleader // Mayo 11, 2009 a 3:26 pm |
Está fenomenal el relato….pero echo de menos escaleras en la ruta.
Brisuón Çafren // Mayo 12, 2009 a 9:49 pm |
Fg, debería retomar esa afición. Aunque no sepa donde acabará, siempre es gratificante llegar.
Amigo R. Como bien dices, nadie dijo que fuera fácil. Gracias por la felicitación.
Luz, a mi como creo que dejo claro en el post, la que me mantuvo en pie fue “No Surrender”
Es lo único que faltó Cheerleader, pero le aseguro que las rampas del muro, poco envidiarían a muchas escaleras (mecánicas).