La madre

La primera vez que vi a Gustavo Sorré, me sorprendió su complexión. Cuando en alguna ocasión había escuchado a alguien hablar de él, me lo había imaginado como alguien fuerte o grande. Supongo que es un prejuicio que me hace pensar que así debían ser los actores. El Sorré, como se le conocía en los círculos por los que se movía, era hijo de gallegos y había tenido uno o dos papeles importantes en el cine que le hicieron pseudo conocido entre los pocos amantes del cine nacional. Luego se dedicó al teatro, para lo que había nacido, o al menos eso decían sus incondicionales, esos que nunca entendieron su retirada de los escenarios de la capital para hundirse en el abismo de lo conceptual. Era la quinta vez que lo veía en menos de seis meses y hoy me parecía aún más pequeño. Tumbado, rígido. Sobre la mesa de acero de aquella fría estancia sus músculos y su delgado cuerpo parecían menguar en cada uno de mis parpadeos. En el interrogatorio que hicimos a los vecinos de Toñín cuando este apareció muerto, salió el nombre de Gustavo como el “novio” oficial del apaleado. En los días posteriores cada vez que visitó las dependencias de la Judicial, donde estuvimos recopilando toda la información del caso, se mostró entero, o al menos todo lo entero que un hombre podía estar tras el asesinato de su chico. Este maricón parece no sentirlo mucho, cuando yo digo que había que castrarlos a todos. No tienen sentimientos. Esa fue la frase con la que el jefe Olegario, jefe de la policía en aquel departamento había cerrado el caso, tras despedir a Gustavo en la puerta de la comisaria. El caso quedo cerrado, dictaminaron que uno de los muchos pervertidos con los que se acostaba el Toñín se lo había cargado a palos. Las indagaciones sobre la palmeta, que en mi entrevista con Corina inicié, no llegaron a ninguna parte. Como casi nada en este país.
Bob fue quien me aviso de la muerte del actor, estuvo fotografiando el cadáver tanto en el teatro de donde el juez autorizó su traslado como en la autopsia. Cuando me mostró algunas de las fotos que tomó no podía creerlo. Aquel hombre debajo el prepucio tenía una película blanca de esperma seco, de mas de tres milímetros de grosor recubriendo por completo el glande y en la que solo existía un pequeño orificio generado por la habitual micción. Desde luego este tipo lleva sin lavarse mas de un año, y por supuesto en todo este tiempo no ha cogido, dijo Bob mientras yo observaba las fotos. ¿Qué coño hacía este tío deprimido por la muerte del Toñin?, se supone que el americano era un puto sodomita, pero seguro que este no se lo follaba. Creo que se encargaba de cuidarle y curarle las heridas que en sus correrías sexuales le hacían, contesté. Creo que solo quería ser su madre.

La obra de teatro era conocida en los ambientes intelectuales, aunque Bob decía que no eran intelectuales sino snobs los que asistían a funciones como esa. Se trataba de un monologo en verso con mil versos consecutivos. Los primeros trescientos rimaban siempre con la A y mas concretamente con las silabas: an, as y ar. Los siguientes ciento cincuenta versos rimaban con el sonido E y también en: en, es y er, lo que levantaba grandes aplausos del público. Ahí sonaba la campana del descanso y la gente salía a comentar lo mucho que le estaba gustando la obra, la genialidad del interprete o simplemente desahogaban sus aguas. Otros quedaban sentados en las butacas como extasiados, mirando el techo de la platea como si esperasen una revelación. Al reiniciarse la obra las rimas empezaban por la U, pero solo acababan en un y us nunca en ur. Así hasta completar trescientos versos más, que dejaban a: os, on y or los doscientos cincuenta finales.
Aquel día el Sorré salió a escena, durante mas de quince minutos miró al publico. Miró a los ojos a cada uno de los allí sentados. No importaba lo oscura que estuviera la zona donde ocuparan espacio, él los miró.
Entonces recitó en voz alta.

 

Mañana sin ti no es futuro

Ortografía muerta en mis dedos
Ayer mientras dormía, soñé que me amabas.

Tenebrosas sombras de un engaño impune

Eternas dudas me invaden al pensarte
Amor condenado a un encierro invisible
Otoños en las pieles de ambos

Lascivos besos que huelen a hambre
Otoños en las pieles de ambos
Ríos de sangre y semen cubriendo las cuencas

Inertes gases que no respiramos

Ariete que golpea mi corazón
Muerte sin ti

 

Inmediatamente se acercó a una soga que colgaba de una de las columnas sobre el escenario, subió a una silla, se ató la soga al cuello y saltó ante la atenta mirada de más de ciento setenta personas (el encargado de la taquilla me confirmó que tenía ciento ochenta y dos tickets) que había en el teatro.

Muchos fueron los tarotistas, brujos o practicantes de la cabala que en aquellos días decían que la omisión de la letra I en los sonidos y rimas de la obra escrita por el mismo Sorré, no anunciaba nada bueno.
Sus últimas palabras antes de saltar fueron, todo esto es una mentira.

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5 Respuestas a “La madre

  1. ¡¿Vaya?! (Con exceso no injustificado de puntuación.)
    Confieso que el primer párrafo me pareció fatigante; pero el relato en conjunto puede leerse en cantidad de formas.

  2. Impresionante la capacidad que tiene usted para recordarme con sus escritos qu una vez tuve pulso, incluso tuve líbido…Brutal el ritmo

  3. Elaboro: Según el sentido que se le dé a la última frase, “todo esto es una mentira”, el relato cobra un sentido diferente. Diría (desde mi condición de ciego lector) que esa frase es “la clave” de la obra; y me inclino a pensar (desde mi condición de mudo escritor) en una interpretación literaria: El teatro es una mentira, la vida es un teatro, la vida es una mentira.

    Seguramente habrá un lector más responsable que haga una lectura más dedicada.

    De nuevo, felicitaciones.

  4. Disculpe el atrevimiento, vivo aislada y escucho canciones sólo al azar…¿El poema es suyo?. Le agradecería me lo aclarase. Soy una paleta muy curiosa

  5. Uy Kiosco,me has hecho pensar con lo mucho que me cuesta hacerlo,es cierto, dejando a un lado que no queda claro si quien dice la frase es el narrador o el actor (doy por hecho que es el muerto, antes de morir, claro). Ahora no se que es mentira, si el poema, si la vida…. El teatro siempre es mentira, cada día una mentira con matices diferentes.

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