La homilía de Rouco

Dije que no lo haría pero no puedo.
Esta es una historia de ambiciones, como casi todas. Una historia de mentiras, de mezquindades, de héroes y villanos. En la historia hay príncipes malvados, brujas que jamás podrán ser princesas (ni presidentas de España) y muertos, demasiados muertos.
A esta historia le falta un principio. Siempre que en los últimos tiempos ha sido contada por alguien, se omite como la historia empezó. Generalmente es este un recurso muy utilizado para manipular las primeras impresiones de quien las escucha. La historia comienza con un área de salud publica obligada con engaños, promesas de vida mejor y otras artimañas, a aceptar que cada uno de los centros públicos hospitalarios que la componían se unieran al reverso tenebroso. Convertirlos en FUNDACIÓN. Esta palabra que parece englobar y ensalzar valores positivos, en este caso solo son positivos para los gestores de la misma y los adeptos a privatizar todo lo público con la excusa de que una gestión empresarial de lo mismo, haría subir su rentabilidad, eficacia y por lo tanto rendimiento económico (Este es uno de los pilares del pensamiento neocon representado en España como uno de sus máximos exponentes por el fichaje estrella del partido popular el señor Pizarro). Cuando las orzas conquistadoras de Esperanza Aguirre, capitaneadas por Lamela, llegaron a las puertas del Hospital Severo Ochoa de Leganés, se encontraron ante ella la resistencia de un grupo irreductible que luchaba por motivos de ética, de convicción y que suelen ser motivos más incomprensibles, alocados y por ello más impulsivos que los económicos, de los que traían cargados las sacas los invasores. Ante tal oposición y tras varias escaramuzas los neocon de la comunidad de Madrid se retiraron, pero no se rindieron. Supongo que a estas alturas de historia ya se imaginan el nombre de uno de los médicos que lideró el estoico movimiento de la aldea gala en la que se transformo el Hospital.

Meses después, la denuncia anónima y el ataque del siervo Lamela, que utilizando los recursos que un gobierno autonómico puso a su disposición abrió la batalla con la que normalmente comienza a ser contada esta historia.

Una vez más, la mezquindad de Urdazi y la cara dura del señor Rodríguez me sacaron de mis casillas anoche. A punto estuve de necesitar sedación para que mis vecinos no escucharan mis alaridos e insultos a esos dos tristes personajes que mentían y manipulaban en televisión como solo ellos saben hacerlo (Recuerden a Urdazi y sus CCOO).
Es cierto que en el hospital de Leganés moría mucha gente, pero también es cierto que era el único lugar de toda la zona sur de Madrid donde se atendía (en gran número) a estos enfermos ya que era el único no convertido en fundación y por ello el que mas atención ponía en los servicios de urgencias a este tipo de especial paciente. Es cierto que ahora muere menos gente en el servicio de urgencias, pero básicamente por que se atiende a menos personas, y a los que se atiende se les ingresa en planta donde mueren, general y afortunadamente descansando en paz.

Llegado a este punto pienso que en esta historia y el avanzado estado en el que se encuentra nuestra campaña electoral mucho ha de decir el clero en esto. Escribía Millas el viernes que Rouco ha sentado en sus rodillas a Rajoy y que metiéndole la mano por el culo (bueno, esto lo digo yo) manipula sus gestos y cada una de las afirmaciones o negaciones que el líder realiza. El Nacionalcatolicismo del que hacen gala en los últimos tiempos los dirigentes religiosos de nuestro país, tiene mucho que ver en esta historia. Y es que el sufrimiento es la única manera de llegar al reino que prometen, por lo que si se seda a un moribundo tal vez no sufra lo demasiado como para alcanzarlo. Creo que a esto es a lo que Rajoy se refería el otro día frente a Gabilondo cuando decía insistentemente, que él haría lo posible por que el enfermo moribundo viviera. Supongo que lo que quería decir era: Rezaré, rezaré en voz alta para no escuchar el sufrimiento agónico de aquellos a quien quiero, pero nunca lo sedaré para que los poderosos obispos no se enfaden conmigo y me quiten su apoyo.

En lo personal todas las veces que he necesitado los servicios del Hospital Severo Ochoa en lo relativo a ayudar a que alguien muera dignamente (demasiadas en poco tiempo), el comportamiento de todo el equipo medico y en general de todas las personas que de alguna manera atienden o intervienen en estas circunstancias ha sido tremendamente humano e impecable.

Al señor Rajoy , a Esperanza, a Lamela, a Urdazi y a Rodríguez solo puedo desearles que no encuentren nunca a un doctor de estos que sedan, y que en la hora de su muerte sufran, sufran mucho tiempo y griten muy alto. Así el señor Rouco que ojalá viva para escucharles les ayudara rezando por ellos a alcanzar el cielo que les promete en cada una de sus homilías.

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4 Respuestas a “La homilía de Rouco

  1. Podría firmar este post tranquilamente. Ya veo que compartimos mucho más que hospital y ultramarinos, una cierta visión del mundo. Eso es reconfortante. Beso.

  2. Buff! ¿Compite en longitud con mis post en EnEx?

    No le leo ahora. Le voy a dejar para el final del día, antes de acostarme, para poder meditarlo con la almohada, y seguro que habrá algo para ello. Ya le contaré.

  3. ¿Cómo queda entonces el H. Severo Ochoa con respecto al tema de las Fundaciones?

    Un dato: que la Administración, la que sea, se decante por la vía de la Fundación es lo que se llama una huida del Derecho Público (el Administrativo) hacia el Privado: se pasa de un sistema más rígido a otro que en principio es más ágil, aunque también menos garantista de la buena administración.

    Me cuadra su historia; me fío de sus fuentes; me alejo de sus deseos finales; en cualquier caso, su opinión mucho mejor que la de hoy en el País (sección Madrid) sobre este mismo asunto

    Otro comentario: cuando los neo-cons están en retirada en EEUU y su campaña está siendo la que menos referencias religiosas está teniendo, aquí vamos a contrapelo.

    (respecto a sus comentarios en EnEx, ¡No sea adulador! sino crítico; salvo que le haya dejado narcotizado con la prosa que gasto).

  4. He borrado dos veces un comentario por no tener estructura gramatical alguna. Por favor señor autor del mismo, escribalo usted de nuevo, léalo varias veces e imagínese que no sabiendo nosotros lo que usted quiere decir somos capaces de entenderlo claramente después de leerlo. Solo después de llegar a esa conclusión, pulse el botón de enviar comentario.

    Muchas gracias.

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