sesenta y ocho

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Despertó mojado de sudor como otras tantas veces. Los sueños le castigaban por alguna razón que no alcanzaba a entender. Se sentó sobre el colchón, calzó sus mocasines azules de terciopelo y caminó sobre el suave pelo de la moqueta hasta llegar al mueble bar. La puerta era de nogal y los enormes apliques y bisagras doradas que adornaban la madera, brillaban iluminados por la tenue luz de una lampara de noche. Al abrir la puerta la estancia completa se iluminó. El zumbido del pequeño ventilador de aquel armario refrigerado inundó la enorme casa victoriana. Puso tres hielos en un vaso ancho de cristal con finísimas paredes y llenó de Evian el mismo. Mirando el ascendente movimiento de las burbujas el sueño le alcanzó. Al dormir pudo ver de nuevo los carteles, las barricadas, los compañeros. Escuchó gritos y consignas y corrió, como cada noche desde hacía casi dos años, delante de los gendarmes franceses.

Habían pasado 40 años.

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Una respuesta a “sesenta y ocho

  1. Estos pijos, jugando ser revolucionarios….

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