Lágrimas y lodo

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Llovía. Llovía desde Julio. Empezó a llover el mismo día que se descubrió la fosa con los diez cuerpos de aquellos pendejos a los que Don Álvaro había ordenado asesinar después de usarlos como correos. Hacía casi un mes de aquello y la lluvia había convertido los campos en barrizales y las orillas de los pantanos en peligrosas arenas movedizas que recordaban a los viejos antiguas historias olvidadas. Salíamos del café y bajo la protección que formaban unas tejas rotas un canoso anciano relataba la suerte del “bajo”. El bajo era el hijo del alcalde de Matamoros en Tamaulicas y había pasado su infancia tirando piedras a los cristales de sus vecinos, maltratando y atemorizando a los chavales de su comarca. Contaba el viejo que un día después de varias semanas de lluvia, el bajo, ya adolescente, humillado por el abandono de lupita la chata, a la que encontró besándose con Tito, el pastor, se ató a mil globos de helio y llegó volando a los pantanos que hay entre San José y este lugar, el Rancho Santa Isabel. Cuentan que lloró, que lloró al quitar los pies del suelo y despegar, que lloró mientras volaba y lloró también al caer en la pantanosa orilla. Y dicen que fueron sus lágrimas, litros aseguran algunos, las que al caer en el fango ablandaron tanto el suelo que pisó que la tierra se lo tragó. Varios días más tarde un forestal que hacía aquella ruta todas las semanas encontró los restos desinflados de cientos (tal vez miles) de globos de colores que casualmente formaban la bandera de México. Cosme Corralejo Chuicas, ese era el nombre del forestal. Álvaro Corralejo Peinado era el nombre de su primogénito. Don Álvaro le llamaban. Su afición a despellejar morosos y su relación con los sicarios hicieron famoso su nombre fuera del estado.

Después de dos meses lloviendo, en aquella fosa apareció un cuerpo más. Era un cuerpo antiguo, estaba de pie, con los brazos en alto y entre los restos de lo que fueron las manos se descubrían lo que parecían haber sido unas cuerdas o hilos que casi llegaban a la superficie.

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3 Respuestas a “Lágrimas y lodo

  1. Qué latinoamericano te quedó el relato, Briçuon. Me has desconcertado (y eso no es malo, ¿eh?).

    Besos orgiásticos

  2. Señor Brisuón, escribe usted que dan ganas de más. México tiene algo mágico, sin duda.

    Salud!

  3. Bueno, me alegro que no sea malo eso de desconcertar. Un beso Ella.

    Gracias Señor Lagarto. En cuanto me libre de algunos menesteres importantes programaré un viaje a ese enorme país.

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