Pedazos de cristal

.

Entramos en la casa de la única persona que reconoció haber visto algo. Era raro que alguien quisiera colaborar, generalmente el miedo impedía a los vecinos declarar o reconocer saber algo de las habituales reyertas callejeras de aquella parte de la ciudad.

Irina era una mujer menuda, casi invisible se podía decir. Podría estar sentada en cualquier sala de cualquier habitación y pasar desapercibida. Tal vez en ello radicaba su poco habitual valor, pensé yo. Podría pasar desapercibida si no fuera por la luz que a sus ochenta años se escapaba por sus ojos. Tenía un pelo largo, recogido con un oscuro moño casi perfecto, en el que se perdían decenas de horquillas imposibles de ver en un primer vistazo. Las arrugas marcadas bajo sus parpados y frente, impregnaban su rostro de una dureza poco común en una mujer de su edad. Desde su silla y con las manos sobre las rodillas relataba, no de muy buena gana, lo que aquella noche había podido escuchar. Durante unos minutos me fue difícil seguir su relato, ya que mis ojos se centraban en sus manos huesudas, unas manos de dedos largos. El dedo índice de su mano derecha, así como el corazón de la izquierda, aunque en menor grado, presentaban unas curiosas protuberancias entre las falanges uno y dos, recuerdo seguramente de antiguas roturas mal curadas. Narraba Irina, como esa noche despertó por los ruidos de la calle, gritos como de pandillas reunidas para ajustar cuentas con viejos rivales. Cuando sus manos me permitieron recuperar la concentración en su historia, decía, que se levantó hasta la cocina después de cubrir su cuerpo con una fina manta que ahuyentara el frío (pero no los demonios), y fue allí cuando sintió los disparos, disparos que no le afectaron, según ella, en lo más mínimo ya que, en el largo tiempo que vivía en aquel barrio del D.F., había acostumbrado su alma al ruido esporádico de las descargas de algún que otro arma de fuego. Luego los cristales, dijo.

-Los cristales se rompieron cayendo al suelo en un atronadora sinfonía que de alguna manera fueron por segunda vez mi canción de cumpleaños.

Irina había nacido un diez de noviembre de mil novecientos veintisiete. Nació en Berlín y cumplía once años la noche que escuchó los cristales romperse por primera vez. La joyería de sus padres, Mathias Rakowsky y Anna Hirch, llevaba emplazada en Friedrichstrasse desde el año treinta y dos, y aquella noche los ventanales de su cuidado escaparate, fueron destrozados como lo fueron los de decenas de comercios a lo largo de la larga calle. Irina contaba con los ojos cerrados, como bajó las escaleras que conducían desde la vivienda al comercio y pudo ver, antes de salir a la calle a través de los cristales rotos, una enorme estrella blanca pintada sobre el suelo de la joyería. Una vez en la calle fue increpada por una banda de chiquillos envalentonados por la ventaja que les otorgaba la superioridad numérica unida a la nocturnidad de aquel expolio. La zarandearon y patearon al grito de cerda judía. Mientras caía al suelo, la niña cumplió once años.

Pregunté a aquella mujer si podía abrazarla y la felicité por su cumpleaños aunque en realidad la felicitaba por su valentía. Por ser un pedazo de la historia de un siglo marcado por la sin razón de los que olvidan.

Anuncios

3 Respuestas a “Pedazos de cristal

  1. … los chiquillos no sólo estaban envalentonados, sino perfectamente planificados para actuar de manera coordinada contra la comunidad judía.

  2. Seguramente, pero entonces Irina no lo sabía.

  3. Usted debe tener algún antepasado judío Sr Brisuón, porque siempre que aborda el tema lo hace de manera estremecedora.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s