Vestidas de rojo

Hace muchos años sentado en la butaca de un cine mi cuerpo sintió tanta repugnancia ante lo que en la pantalla se relataba, que a punto estuve de levantarme y no terminar de ver el film. Las atrocidades, la bajeza moral del monstruo que protagonizaba aquella película, pero también la connivencia de, en aquel momento histórico, gran parte de la sociedad de un país, golpearon mi estomago dejándome knockeado durante varios días.

El nazismo y su sin razón no consiguieron hacerme sentir como ayer me sentí frente a la pantalla. Ayer lloré. La historia de otra muchacha vestida de rojo revolvió mis entrañas. Esta vez no eran soldados ni ejércitos los que provocaron mis vómitos. La arrogancia, mezquindad, hipocresía y manipulación de esa congregación ultracatólica a la que algunos llaman “obra”, precisamente detallada por el guión y dirección de Javier Fesser en su última y galardonada película, acabaron con mis nervios. Me sentí vapuleado por un nudo de sensaciones. Mareos, arcadas, llanto, asco. Mucho asco.

Si Ralph Fiennes interpretó un monstruo que dejó ver finalmente un poco de humanidad en su amor egoísta hacia una judía llamada Hanna, Carme Elías interpreta en Camino, al mayor monstruo rancio e insensible, que recuerdo haber visto nunca en una pantalla. Una enferma mental digna de ser encerrada, que tristemente representa a muchas de las mujeres afines o adeptas a las enseñanzas de esa secta llamada Opus Dei. Los otros monstruos, unos sádicos con sotana capaces de disfrutar con el doloroso sufrimiento de una niña llena de ilusión por vivir y soñar todo aquello que se le oculta y limita. La vida.

En momentos como hoy me alegro de no permitir que mis hijas se acerquen a una iglesia sin mi vigilancia y doy gracias a Dios por ser ateo.

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4 Respuestas a “Vestidas de rojo

  1. Maravillosa película, aunque yo, que siempre tengo una manera muy particular de ver las cosas, me quedo con la parte buena: con ese cuento de hadas inacabado que, para mí, se impone a tanta sinrazón…
    Yo a dios, no, les doy las gracias a los curas de mi colegio por hacerme atea… 😉
    Besitos!

  2. suscribo plenamente. Mis hijos también tienen prohibido todo contacto con la Iglesia Católica.

    Aún no he visto la peli, pero la tengo pendiente, sí.

    Salud!

  3. Que bien, nos espera una generación de niños marcados por la prohibición de sus padres de acercarse a una iglesia católica. Deben estar frotándose las manos en los púlpitos, las prohibiciones siempre han sido la mejor manera de atraer gente a lo prohibido.
    Si tuviera hijos les diría que se acercaran a la Iglesia para que comprobaran por si mismos que aquello es un coñazo, como cuando te hacen leer el Quijote con 8 o 9 años.
    Pero vamos, allá cada cual con sus prohibiciones, todo lo que me prohibieron de pequeño lo he conseguido hacer. Gracias a “Diós” no me prohibieron la Iglesia, ahora sería cura y no molaría.

  4. Mis hijos no van a religión, no van a la Iglesia pero por la misma razón que no ven Hanah Montana ni Codigo Lyoko, mientras que vivan bajo nuestra tutela, harán lo que yo crea mejor para ellos. Pero como niños que son hacen miles de preguntas, no se conforman con un “por que yo lo digo”. Siempre les dejamos lo más claro posible que aunque nosotros actuemos así, no creamos en Dios ni en la Iglesia no tenemos porqué estar en lo cierto, a lo mejor somos nosotros los que estamos equivocados. La verdad absoluta no existe. Ellos tienen que buscar sus propias ideas y sacar sus conclusiones.
    Besos.

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