Divagaciones desde nunca jamás

Walking in Memphis (on the bed)

Noviembre 8, 2009 · Dejar un comentario

¿Imaginan que alguien sacase a esta chica de su cama?

O quizas ya lo hicieron. Simplemente fantástico.

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South-North.69

Octubre 31, 2009 · 5 comentarios

Hm

-¿Están trucados?, dijo ella.
-No lo sé, eso me dijo el tío que me los dio, pero es posible que solo él conociera el truco.
-Da igual, si sale par giramos a la derecha y si sale impar a la izquierda.
-Eso es lo que hubiera dicho cualquiera, es lo que haría todo el mundo. ¿No eramos diferentes? Si sale par giraremos a la izquierda.
-Como quieras. ¿Cuantos kilómetros podemos hacer?
-¿Sabes?, esta mañana sin saber bien el motivo estaba muy enfadado. Casi todo me ha sentado mal. El buenos días del gafotas, la llamada de arriba. El imbecil del camarero me puso el café hirviendo. A esos gilipollas les dices café templado y piensan que, con dos gotas de leche del tiempo sobre la puta taza llena hasta el borde de líquido a ochenta grados, se enfriará. Joder tendrían que tener aprobada una asignatura de termodinámica para dejarles trabajar. Al subir tenía como diez e-mails a cual peor. Unos mil, si vamos despacio unos mil kilómetros.
-¿No hay prisa no? Mira según el mapa a dos kilómetros hay un cruce.
-Venga tira los dados.
Los dados botaron sobre el salpicadero. Fueron a parar entre los pies de Eve.
-No me engañes, ¿que ha salido?
-Un dos en este y un cinco en el otro. A la derecha. No te engaño. Dijimos que no nos mentiríamos.
-No hay carretera a la derecha, el cruce solo es a la izquierda.

De frente, dijeron los dos a la vez. Al ponerse el sol, pasaron un puente de madera, luego un pequeño desierto de polvo casi blanco, un bosque de naranjos enanos y tres puertos de montaña. Giraron cerca de un arroyo seco, siguiendo el deseo de los dados, aunque no pocas veces fueron los deseos de ella los que siguieron. Fueron trescientas diez canciones, canciones en las que se hablaba de casi todo. Canciones de guerra y paz. Canciones de princesas, de putas, de odio, canciones de amistad, de viajes a lugares lejanos. Canciones de viajes al interior de la mente de quien las cantaba. Canciones alegres y tristes que durante mas de medio día se convirtieron en su propia banda sonora.
Él contó que después de todo el día alterado, decidió cortar con el motivo o al menos probar por si el motivo era ese. Se acercó a la mesa de Doc y abrió un cajón donde este guardaba unas tijeras de afiladas puntas. Contó, entre dados y polvorientos cruces, que, con el puño cerrado y las tijeras en él, se encaminó por el pasillo que conducía a la zona noble. De una patada abrió la puerta del baño. Sentado en un retrete con los calzoncillos en la mano, arrancó, o medio arrancó, descosiendo con rabia (con ayuda de las tijeras), la enorme etiqueta que originaba aquel visceral mal rollo.

-¿Y me has llamado por teléfono, sentado desde allí?
-Bueno, ahí es donde decidí que me iba de viaje, bueno no. Ahí, ahí decidí que si te venías conmigo, nos íbamos de viaje.
-Eres un tramposo, sabías que diría que si.
-Tu, eres una tramposa, sabías que si me contabas el sueño acabaría aquí contigo. Agarró el volante, miró a ambos lados y dijo, ¿Donde estamos?
-No lo sé, pero está amaneciendo.

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La vida puede ser maravillosa

Octubre 17, 2009 · Dejar un comentario

En memoria.

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Finding Flatiron in Broadway (finding you)

Octubre 13, 2009 · Dejar un comentario

-¿Dónde tendría que buscarte?

-Ya sabes donde. Piensa.

-Tengo claro por donde empezar, pero, es enorme. No te encontraría jamás.

Veintiuno de Julio del dos mil catorce.
Cuatro años, ocho meses, diez días y dos horas después, recuerdo aquella conversación palabra por palabra. Ahora intuyo donde estás y subo acompañado de esta pena que se diluye en la sexta. Giro en la esquina de la veintitrés hasta casi alcanzar con mis zapatos la hierba mojada de Madison Square. Te imagino en ese ascensor. Te veo

Y he venido a quedarme.

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Octubre 4, 2009 · 2 comentarios

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Neutral

Septiembre 28, 2009 · 2 comentarios

Supongo que la acepción de neutral tiene otro significado cuando se habla de Suiza.

En ese caso neutral significa, país que se enriquece de manera sistemática con la miserias de los países que la rodean. Bueno esto, hasta la primera mitad del siglo XX, ahora también con los que están a miles de kilómetros. Significa mirar para otro lado y guardar en cajas seguras el expolio que a las  familias judías los nazis hicieron. Significa ganar dinero con los ahorros de aquellos a los que hicieron jabón en campos de concentración. Significa aprovecharse del dinero del narcotráfico mundial para seguir cultivando su imagen de país limpito de gente educada que habla bajito. Significa que como no se sabe de donde sale el dinero de los clientes protegidos ( y anónimos), no se puede pensar que son malhechores y denunciar sus anónimas fortunas. Significa la puta hipocresía del hipotético estado de bienestar.

Neutral significa denunciar al pobre pescador de la canción de krahe, por no querer vivir como los demas.

Neutral, desde esta semana, significa también detener a un señor por presuntamente violar a una menor (se dice que el delito real fue sodomizarla en un estado donde la sodomía era delito) hace treinta años y entregárselo o pretender hacerlo, a la “justicia” de los States para que allí sea juzgado con todos los derechos constitucionales que ese enorme país le otorgará (Sobre derechos constitucionales de los States puede buscarse Guantánamo en cualquier buscador).

Desde aquí mi apoyo a un genio. Por poco que valga

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Pentágono

Septiembre 16, 2009 · 2 comentarios

Como cada día, Jacinto, salió el primero, en cuanto las puertas fueron abiertas. Caminó por la empedrada calle que terminaba en la fuente y allí recorrió el camino que subía a la colina contraria a la que tapaba el sol al caer la tarde. Decía que si un monte le impedía ver la caída del sol, subiría hasta otro, y ayudado por la altura que el mismo le proporcionaba, no se perdería ni un solo amanecer.

Eran siete las personas que podían salir del recinto sin compañía.  Dos de ellos guardaban la seguridad en el interior de las tapias durante las noches. Otro lo hacía durante el día. La guardia se duplicaba al anochecer, más que por necesidades reales del centro, por acallar las dudas que el mismo suscitaba entre los habitantes de la pequeña localidad en la que se encontraba.  Conchita se encargaba de la lavandería y cocina, y aunque tenía la libertad de entrar y salir, rara vez lo hacía. Solía encargar lo necesario para abastecer las despensas al señor Dimas, dueño de un establecimiento del pueblo.

Los otros tres eran Leopoldo,  Salvadora y Jacinto.

La loquería. Así llamaban los de la comarca al pueblo que casi había perdido su autentico nombre. Las cinco largas paredes iguales que formaban el pentágono donde se ubicaba “la institución”, se habían encargado de borrarlo. Paradójicamente el nombre que aparecía en los mapas era “Cinco colinas”, descriptivo nombre que ubicaba al pueblo en el medio de ellas, entre las que se encontraba a la que Jacinto subía cada mañana.

Leopoldo Ramos Tendón sufrió su primer ataque con tan solo veintidós años. Corría tras un cochino en la finca de sus padres cuando quedó paralizado. Pasaron más de cuatro años antes de que un día sin más, moviera un dedo para mover después la mano, el brazo y de esa manera levantarse como si nada hubiera ocurrido. Pero si ocurrió. En esos cuatro años en los que tal vez tuvo conciencia o tal vez no, puesto que él nunca habló de ello, su madre había muerto de neumonía y su padre fue tiroteado por unos bandidos que asaltaron su casa una noche para robar ganado. Probablemente eso fue lo que le hizo verdadero daño.

El día que Leopoldo se movió, ya llevaba año y medio en el pentágono.

Salvadora llevaba allí veinte años, más que ningún otro. Dicen que un mal de amores la llevó allí, que quiso tanto y fue tan poco correspondida que un día, mientras recortaba fotos y cambiaba las caras de cuerpos y los cuerpos de paisajes, decidió cortarse los dedos, harta de que olieran al hombre que amó. El resultado fue un desastre. Manos inutilizadas, la garganta desgarrada por los gritos que profirió (al menos esa era la causa oficial escrita por la que  Salvadora no hablaba), y una mente deshecha, que le servía para pasear por el pueblo sin hacer caso a gran parte de las palabrerías que hasta las paredes del pueblo comentaban a su paso. Aún así, veinte años después, sonreía.

El segundo ataque sucedió en la tarde en que se cumplía el décimo aniversario del primero. Este solo paralizó el cuello de Leopoldo que desde entonces llevó la cabeza girada. Nadie sabía en realidad si su mente estaba o no enferma. Ni los médicos que en aquellos años se encargaron de él en la institución, se decantaban por diagnóstico alguno. En Cinco Colinas Leopoldo era querido por los mayores y temido por los niños.

Jacinto cargaba a veces una silla en su subida por el camino. Hablaba en voz alta, solo, como si esperara que su sombra le contestara, olvidando que aún no había salido el sol y que esta no le acompañaba. Se sentaba en la cima y reflexionaba. Alguien que alguna vez topó con él, contó que hablaba de su vida o de la de otros, pero que lo hacía en primera persona. Que recordaba paseos por playas vacías y unas luces intensas en las oscuras noches de estas. Describía grandes avenidas cuyos semáforos parecían estar verdes hasta que él los alcanzaba y de cómo al alcanzarlos, aquella luz verde, que tanto tardaba en llegar, le autorizaba el acceso a un universo infinito del que no desearía volver. Emocionado, gesticulaba narrando cómo ese universo era capaz de modificar la percepción del tiempo y de cómo así, los minutos se convertían en segundos, las horas en minutos y los días en horas. Pensó allí sentado, que tal vez nunca podría, que su vida no serviría de nada. Cerraba los párpados y veía, sobre la piel interior de ellos, las cientos de caras que le acompañaron durante tantos años, aquí y en otros lugares, donde tal vez no subió montañas, pero bajó valles, buscando las mismas respuestas a preguntas no formuladas. Al menos no formuladas en voz alta.
Tras la comida, cerradas ya las puertas del pentágono, Jacinto corrió por el pasillo y abrió las puertas del cuarto donde habitualmente pasaba consulta. Sentado esperaba Leopoldo, tenía el cuello recto y las manos amarradas con cintas de cuero a la silla. Había vuelto a sufrir un ataque.

El semáforo

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27 años de nada

Agosto 8, 2009 · Dejar un comentario

Entre la película que se estrenará el próximo año y cuyo trailer pueden ver aquí (no dejen de verlo), y esta, de la que les dejo una de las más recordadas escenas, por lo novedoso de su estética, solo hay 27 años de nada. Se nota en los efectos visuales utilizados para crearla, y como no, en el rostro del actor protagonista, que casualmente es uno de mis preferidos.
Lo peor de este film es que me deja sin argumentos en casa, para defender que Code Lioko es un poco repetitivo y que las persecuciones de los vehículos virtuales que sus protagonistas utilizan son cansinas.

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San Fermín

Julio 30, 2009 · 2 comentarios

Si pinchan sobre la imagen podrán ver una impresionante colección de fotografías sobre esta famosa semana de fiestas. No dejen de verla.

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La fuerza del no

Julio 26, 2009 · Dejar un comentario

Estos días de calor asistíamos espeluznados a las correrías sexuales del líder italiano. Parecíamos trasladados a momentos históricos como los narrados en la serie Roma y seguíamos cada uno de los capítulos que la desidia informativa del verano nos entregaba poco a poco. Solo la sucesión de monstruosos acontecimientos relacionados con niñas, niñatos y crímenes, nos devolvió la vista a nuestra casa. Estas noticias han puesto, en nuestros puestos de trabajo, bares y terrazas de playa, como si se tratara de un referéndum (que más quisiesen algunos interesados medios que así fuera), la siguiente polémica pregunta: ¿Se debe cambiar la ley y conseguir con ello rebajar la edad penal de los ciudadanos de este país?

He comentado ya en alguna ocasión mi opinión sobre la sociedad en la que vivimos. Somos, los españoles, unos chaqueteros. Lo hemos sido históricamente. Si solo cogemos como ejemplo los últimos 100 años de historia, hemos jaleado ilusionados todo tipo de formas de gobierno (repúblicas monarquías y dictaduras) y a todo tipo de lideres de muy distintas tendencias ideológicas. Dame pan y llámame tonto.

Somos incapaces de ver la pelusa en nuestro propio ombligo, y en caso de verla, estaríamos tan ocupados buscando al culpable de que esta habitara allí, que nunca alcanzaríamos a quitárnosla. La pelusa crecería hasta obturar nuestra primera cicatriz, pero seguiríamos buscando al culpable. De manera que, lo único de lo que hablaremos en estos días, quizás meses, depende del rédito político que determinados grupos puedan sacar de esto, será sobre si se ha de meter en la cárcel o no, a los niños malos. Nadie se preguntará de una manera seria y ordenada: ¿Que coño hacían los padres de los niños malos mientras estos crecían?

Los adolescentes protagonistas de estas noticias, y porque no, también de este post, son unos malcriados hijos del “Si”. Son la generación del “Dáselo”, del “Cómpraselo”, del “Dile que sí para que se calle”. Jamas en su vida les han dicho NO, y es por esto, por lo que no entienden el significado del No. Sus padres no tienen tiempo, trabajan mucho, no se han dado cuenta, no podían imaginárselo. Y unos cojones. Sus padres son unos irresponsables culpables de crear monstruos. Son esos padres que no tienen tiempo ni ganas de discutir o aguantar los berrinches de sus cachorros, pero van a los colegios a advertir, o amenazar a los profesores, para que estos no les lleven la contraría a sus pequeños. Son esos padres que no tienen tiempo de hacer los deberes de matemáticas con los niños pero tienen un abono de fútbol o no se pierden una puta carrera de formula uno. Son esos padres que aceptan con tranquilidad que sus hijos de siete años, sin ninguna minusvalía psíquica aparente, repitan curso porque ellos no tienen tiempo de atenderles o porque si tienen que repetir pues que repitan.

Escuchaba el otro día al Ex defensor del menor decir que, es necesario hacer entender a los niños que si una niña dice no, es no. Lo que hay que hacer entender a los padres es que hay que hacer entender a los niños el significado de la palabra “NO”, la pronuncie una niña, un educador, un policía, un amigo de la pandilla o por supuesto, los padres.

El día que dejemos de discutir sobre si meter o no meter en la cárcel a la gente, sucumbiendo a la vertiginosa corriente que los pensamientos fascistas y amigos de la pena de muerte colocan en nuestros telediarios y boletines de radio, y empecemos a pensar seriamente en decir “No” cuando hay que decir “No”, creceremos como sociedad.

No entiendo lo que dice el enano alemán en el discurso que les dejo, pero determinadas intervenciones de políticos, presidentes de las Faes y periodistas de este país me recuerdan demasiado a lo que imagino que debe decir.

La foto: Natural born killers

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